Lectura y escritura

La guía de la EEF para alumnos de 7 a 11 años repasa el lenguaje oral, la fluidez lectora, la comprensión y la escritura por etapas.

Por Cristina Talavera4 min de lectura

El estudio

La Education Endowment Foundation (EEF), una fundación británica que revisa la investigación educativa, publicó en 2021 la segunda edición de su guía Improving Literacy in Key Stage 2. No es un estudio nuevo: se apoya sobre todo en el Teaching and Learning Toolkit, una síntesis de investigación internacional (p. 6). Está dirigida sobre todo al profesorado y a los equipos directivos de primaria, aunque señala que también pueden usarla las familias; no trata la implicación de las familias y se centra en la lectura y la escritura entre los siete y los once años (p. 5). Plantea siete recomendaciones, que presenta como «puntos de palanca»: aquellos en los que hay evidencia útil para marcar una diferencia significativa (p. 5).

Qué encontró

La EEF sitúa la base en el lenguaje: actividades de hablar y escuchar con un propósito, leer libros en voz alta y comentarlos, y ampliar el vocabulario enseñando palabras nuevas, repitiéndolas y dando ocasiones de usarlas (p. 10, 12).

La fluidez lectora es la siguiente pieza. Leer con fluidez significa hacerlo con precisión, a buen ritmo y sin gran esfuerzo, y con la entonación adecuada (p. 19). Importa porque libera la atención que exigía descifrar palabras para dedicarla a comprender; por eso se la describe como un puente hacia la comprensión (p. 19). No hay atajos (p. 19), pero dos técnicas cuentan con buen respaldo. En la lectura oral guiada, un adulto o un compañero lee primero el texto con fluidez y el alumno lo lee después en voz alta, con la retroalimentación adecuada. En la lectura repetida, se relee un pasaje corto varias veces hasta leerlo con soltura (p. 10, 19).

Para la comprensión, propone enseñar cinco estrategias: predecir, hacerse preguntas, aclarar lo que no se entiende, resumir y activar lo que ya se sabe (p. 10, 23). Primero el docente las modela y acompaña, y luego el alumnado las usa cada vez con menos ayuda (p. 10). Su impacto potencial es muy alto, aunque difícil de lograr, porque exige que el alumno asuma más responsabilidad sobre su propio aprendizaje (p. 23). Enseñar a combinar varias estrategias cuenta con buen respaldo y probablemente es más eficaz que usarlas por separado (p. 23).

La escritura se presenta como un proceso de cinco etapas: planificar, redactar, revisar, editar y publicar (p. 11, 28). Cada una puede enseñarse con modelado y apoyo (p. 28). Recoge la idea del experto estadounidense Ronald Kellogg de que escribir puede ser tan exigente como jugar al ajedrez (p. 28). Publicar, por ejemplo exponiendo el trabajo o enviando una copia a las familias, puede animar a revisar y corregir con cuidado (p. 30). Pide además mucha práctica de la letra, la ortografía y la construcción de frases: cuando estas destrezas se vuelven automáticas, queda más atención para componer el texto (p. 11, 33).

Las dos últimas recomendaciones miran a cada alumno. La evaluación formativa, integrada en el día a día, y la diagnóstica ayudan a ajustar la enseñanza a lo que cada uno necesita (p. 11, 38). Lo primero es una buena enseñanza para toda la clase, pero es probable que un pequeño número de alumnos necesite además un apoyo estructurado, y hay un cuerpo de evidencia sólido y consistente sobre sus beneficios (p. 11, 45). Aun así, pocos programas disponibles en el Reino Unido tienen hoy una evidencia robusta de eficacia (p. 45).

Fuente: Education Endowment Foundation (2021) · ver la referencia completa

Qué interpretamos

Leer con soltura y entender lo que se lee no son dones con los que se nace, sino habilidades que mejoran con la práctica. Releer un texto conocido puede parecer poco útil, pero es justo lo que permite ganar ritmo y seguridad. Y comprender un texto es algo activo: quien lee bien se adelanta, se pregunta y comprueba. Con la escritura pasa algo parecido. Un buen texto rara vez sale a la primera.

Separar el momento de pensar qué decir, el de escribirlo y el de revisarlo ayuda a que el niño no se bloquee y a que vea que corregir forma parte de escribir, no es señal de haberlo hecho mal.

Qué recomendamos

Leer en voz alta el mismo texto varias veces suele dar soltura.

  • Como sugerencia general para casa, podéis releer juntos un cuento que ya conoce.
  • Para entender lo que se lee ayuda predecir y hacerse preguntas sobre el texto.
  • Escribir suele mejorar cuando se trabaja por pasos: planificar, redactar, revisar, editar y, por último, compartir el texto.
Cristina Talavera, pedagoga y responsable de Dened.

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