El estudio
La Education Endowment Foundation (EEF), una fundación británica que revisa la investigación educativa, publicó en 2018 la primera edición de su guía Metacognition and Self-Regulated Learning. No es un estudio nuevo: se basa en una revisión de la mejor evidencia internacional disponible (p. 4, 5, 30). Está pensada sobre todo para el profesorado y los equipos directivos, desde infantil hasta el bachillerato, aunque menciona a las familias entre los lectores a los que puede resultar útil (p. 4, 5). Reúne siete recomendaciones prácticas (p. 4). En el prólogo, la EEF recuerda que su Teaching and Learning Toolkit califica la metacognición y la autorregulación como un enfoque de «alto impacto y muy bajo coste, basado en una evidencia amplia», pero añade que enseñarla es más fácil de decir que de hacer y que no hay un método sencillo ni un truco (p. 4).
Qué encontró
La EEF describe un ciclo: planificar cómo abordar una tarea, supervisar mientras se trabaja si la estrategia funciona y evaluar al final el resultado (p. 6, 10). No es una secuencia que se recorre una sola vez, sino un ciclo continuo (p. 10). En un aprendiz experto estos procesos son automáticos; en quien empieza, la guía indica que puede ser útil hacerlos explícitos (p. 10). La metacognición no es cosa solo de mayores: niños de tres años ya son capaces de ponerse metas y comprobar si entienden, aunque hasta los ocho años, aproximadamente, tienden a sobrestimar lo que saben (p. 10).
La segunda recomendación insiste en que estas estrategias hay que enseñarlas de forma explícita, porque la mayoría del alumnado no las desarrolla todas por sí solo (p. 12). Explícito no significa dar una lección magistral: combina la explicación del docente con preguntas y retroalimentación (p. 12). Hay indicios de que el alumnado desfavorecido usa menos estas estrategias y, por eso, es el que más puede beneficiarse de que se enseñen (p. 12). El informe ilustra con el ejemplo de Amy, una alumna que, al ver que el libro de texto no le servía, cambió de fuente y decidió que la próxima vez reuniría varios recursos antes de empezar (p. 12).
El modelado se describe como una piedra angular de la buena enseñanza (p. 6). El docente verbaliza su pensamiento mientras afronta la tarea, con preguntas como «¿Qué sé de problemas como este? ¿Cómo los he resuelto antes?» (p. 6), y va retirando la ayuda poco a poco (p. 16).
El nivel de reto también cuenta. Si una tarea no exige esfuerzo, no se desarrollan estrategias nuevas; si es excesiva, el alumno puede rechazarla o saturarse (p. 18). Sobre los deberes, la guía indica que deben ajustarse al nivel adecuado, porque fuera del aula falta el seguimiento del docente, y que conviene valorar el esfuerzo más que el resultado y evitar las comparaciones (p. 18). Propone además conversar en clase sobre cómo se piensa (p. 20) y enseñar a organizar el propio estudio, como Nathan, un alumno que preparaba sus exámenes con un plan, sin el móvil y poniéndose a prueba con tarjetas (p. 22).
Pese a la sólida evidencia de su importancia, hay muchos ejemplos de intervenciones para mejorar la autorregulación que no han tenido impacto en los resultados del alumnado, a veces por no entender bien qué es la metacognición (p. 26). Por eso la guía pide que los centros formen y apoyen al profesorado y que estos enfoques se apliquen de forma coherente en todo el centro (p. 7, 26).
Fuente: Education Endowment Foundation (2018) · ver la referencia completa
Qué interpretamos
Estudiar bien no depende solo de dedicarle horas. Dos alumnos pueden pasar el mismo tiempo delante de los libros con resultados muy distintos, y una parte de esa diferencia está en cómo organizan su trabajo. Planificar, comprobar si lo que se está haciendo funciona y revisar al final son pasos que no siempre se aprenden solos. La buena noticia es que se pueden enseñar.
Cuando un adulto muestra en voz alta cómo piensa una tarea, hace visible algo que normalmente queda oculto, y eso da al niño o al adolescente un modelo que puede imitar y, poco a poco, hacer suyo.
Qué recomendamos
Como sugerencia general para casa, podéis ayudar a vuestro hijo o hija a planificar la tarea antes de empezar, a ver cómo va mientras la hace y a valorar el resultado al terminar.
- Por ejemplo, con preguntas sencillas sobre cada momento.
- En el aula, el docente puede pensar en voz alta mientras resuelve una tarea, para que el alumnado vea cómo se planifica y se revisa.